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¿Qué pasará con el maíz en el Valle Medio de Río Negro?

La coyuntura actual plantea una oportunidad para el incremento de la superficie cultivada en el mediano plazo.

Por Pulso Diario Río Negro

La ganadería ha tomado un gran impulso en los últimos diez años en el Norte de la Patagonia, no solo a partir del corrimiento de la barrera sanitaria sino también por la influencia de otros factores como la crisis de la fruticultura, la agriculturización de la región pampeana -que desplazó a la actividad a zonas más marginales- y las buenas condiciones agroecológicas para la producción de cultivos forrajeros, sobre todo en el Valle Medio de Río Negro.

Desde los inicios de esta transformación, se ha generado un cambio en el proceso de ocupación de la tierra y una intensificación e incremento de los cultivos forrajeros. El maíz ha sido la "estrella" y la especie clave para la intensificación, ya sea para uso como grano como para la confección de silo de planta entera.

En el periodo 2000-2014 la superficie creció de 1500 a 4500 hectáreas, un dato por demás relevante teniendo en cuenta que un tercio de las parcelas presentan un tamaño promedio menor a 10 hectáreas. Desde entonces la superficie se ha mantenido igual y no se logró el crecimiento esperado de la mano de la intensificación de los sistemas ganaderos.

Esta "meseta" en la expansión del cultivo se asocia mayormente a tres factores: por un lado, la posibilidad de conseguir maíz en La Pampa a un precio igual e incluso inferior al de pizarra de puerto. Por otro, en la zona prevalece un escaso desarrollo de logística de servicios como siembra, pulverización y cosecha, lo que trae aparejadas dificultades para los productores que no cuentan con maquinaria propia, ya que no pueden realizar las actividades en tiempo y forma. Nunca se termina de comprender si la falta de servicios obedece a la escasa superficie destinada a la actividad, o si la escasa superficie se debe a la falta de servicios. Por último, hasta hace poco tiempo el costo de producción tenía un rendimiento de indiferencia muy alto (8 t/ha) o cercano a lo que el productor podía obtener de promedio como rendimiento.

Como contracara, a juzgar por sus características agronómicas, el Valle Medio presenta mejores condiciones ambientales que la zona núcleo maicera de la Pampa Húmeda, sobre todo una mejor heliofanía y amplitud térmica. La amplitud térmica local, entre 16 a 19°C de octubre a marzo, genera en la planta un balance energético a favor de zonas donde las diferencias de temperatura entre el día y la noche son menores, como es el caso de Pergamino, dando la posibilidad de mayor acumulación de fotoasimiliados, lo que deriva en un mayor crecimiento para la planta. Con respecto a la radiación, si bien en general no es una limitante para producir, sí es una ventaja que en Valle Medio existen durante el ciclo del cultivo muy pocos días con alta nubosidad, permitiendo que la radiación interceptada sea la óptima.

Sin embargo, el maíz no despega pese a un escenario auspicioso para la expansión del negocio ganadero en la región, y hasta con buenas expectativas mirando los mercados externos.

Vale mencionar que esta especie, por su condición de commodity está asociada a las variaciones del precio del dólar. Si el dólar sube, el análisis económico puede ser diferente. Con la divisa por encima de los $ 20, la cantidad de kilos necesaria para cubrir el costo baja fuertemente, ya que el precio del maíz supera los 3 $/kg en los principales puertos argentinos, y el costo de producción es de 1,6 $/kg a nivel local.

Ante este escenario es probable que algunos productores analicen el negocio de generar su propio alimento o de asociarse con productores del área bajo riego para el cultivo de esta gramínea clave en los sistemas de engorde. Como tercera alternativa, es viable que emerja la figura de productor local, debido a la rentabilidad actual del cultivo.

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