Argentina aumentó el uso de fertilizantes importados mientras descartó nutrientes locales
Mientras el costo de los fertilizantes importados volvió a subir por la tensión global, el agro argentino mantiene sin aprovechar fuentes locales de nutrientes presentes en efluentes y residuos orgánicos.
El incremento interanual del 28% evidenció que, incluso en un contexto de precios elevados, el sistema productivo no logró reducir su dependencia al mercado externo. Esto implica una mayor vulnerabilidad frente a la volatilidad internacional y una presión creciente sobre los márgenes del productor.
Nutrientes disponibles que se pierden
Sin embargo, detrás de esta dependencia aparece una contradicción estructural. Mientras el paÃs destina divisas cada vez mayores a la compra de fertilizantes sintéticos, dentro de su propio sistema productivo se generan diariamente grandes volúmenes de materiales ricos en nutrientes.
Plantas de tratamiento de efluentes y distintas industrias agroalimentarias producen residuos con alto contenido de nitrógeno, fósforo, potasio y materia orgánica activa. A pesar de su potencial agronómico, estos materiales suelen ser descartados o tratados como desechos, lo que implica costos adicionales de gestión y una pérdida de recursos valiosos.
Un cambio de enfoque
En los últimos años, la investigación cientÃfica comenzó a cuestionar el paradigma tradicional sobre el destino de los residuos orgánicos. Estudios recientes pusieron el foco en los biosólidos y tecnosuelos, analizando su capacidad para integrarse al sistema productivo y aportar nutrientes de manera eficiente.
Un trabajo publicado en Applied Soil Ecology en 2026 demostró que la función microbiana del suelo -clave para el ciclado de nutrientes- puede activarse mucho antes de que la comunidad microbiana alcance una composición similar a la de un suelo natural. En términos prácticos, esto implica que los beneficios agronómicos pueden aparecer en etapas tempranas del proceso, acortando los tiempos de respuesta productiva.
Ensayos previos indicaron que los biosólidos mejoran la estructura y porosidad del suelo, favoreciendo el desarrollo radicular. Además, aportan nutrientes clave como nitrógeno, fósforo y potasio, y pueden reemplazar parcialmente fertilizantes quÃmicos, con efectos positivos en la productividad y la sustentabilidad.
Del residuo al insumo productivo
A partir de esta evidencia, algunas empresas comenzaron a avanzar hacia modelos de economÃa circular. En ese marco, la empresa agrotecnológica Cycle F impulsó un enfoque orientado a la revalorización de efluentes y residuos orgánicos, transformándolos en fertilizantes regenerativos y bioestimulantes.
Desde la compañÃa explicaron que el cambio de paradigma requiere una mirada técnica y no solo ambiental. Y señalaron: "La solución es fundamentalmente agronómica y requiere un abordaje técnico riguroso", al mismo tiempo que remarcaron que no se trata de reemplazar insumos de manera directa, sino de integrarlos bajo criterios productivos.
En esa lÃnea, destacaron que el aprovechamiento de estos materiales permite resignificar un problema histórico del sector. Y afirmaron: "Cuando estos materiales dejan de ser un pasivo ambiental o un residuo costoso de gestionar, pasan a ser una herramienta estratégica de producción".
Según indicaron desde la empresa, "es posible mantener o incluso incrementar los rendimientos agrÃcolas mientras se reduce la dependencia de insumos importados y se mejora la salud integral del suelo". Se trata de una combinación que empieza a ganar relevancia en un contexto de alta volatilidad internacional.
Un cambio de paradigma en discusión
Durante años, el eje del debate estuvo puesto en cómo tratar y disponer estos residuos de manera segura. Sin embargo, la actual volatilidad de los precios internacionales y la presión sobre los costos obligaron a repensar el enfoque, y el problema ya no es solo ambiental.
La evidencia disponible sugiere que el verdadero desafÃo no radica en cómo gestionar estos materiales, sino en el costo de oportunidad de no utilizarlos. En este contexto, el agro argentino se encuentra entre dos posibilidades: continuar dependiendo de insumos externos o avanzar hacia un modelo que permita aprovechar los recursos disponibles dentro del propio sistema productivo.