Nuevas variedades de raigrás del INTA impulsan la productividad forrajera
Josepedro INTA, Ñeri INTA y Apolo INTA combinan alto rendimiento, sanidad y adaptación a distintos ambientes. El desarrollo amplÃa las opciones de manejo y fortalece la intensificación sostenible de los sistemas ganaderos.
En el diseño de cadenas forrajeras de alta eficiencia, el raigrás anual tetraploide se consolida como un recurso estratégico para maximizar la producción de carne y leche. A diferencia de las variedades diploides convencionales, su estructura genética -con cuatro juegos cromosómicos- le confiere hojas más anchas, mayor concentración de carbohidratos solubles y una palatabilidad superior.
"Estos nuevos cultivares son el resultado de un proceso de mejoramiento sostenido, en el que buscamos combinar alta producción de forraje, buena sanidad y adaptación a diferentes ambientes productivos", explicó Alejo Re, investigador del INTA Concepción del Uruguay. En la misma lÃnea, Mariela Acuña, investigadora del INTA Pergamino, destacó: "La variabilidad lograda nos permite hoy ofrecer materiales con distintos ciclos, lo que amplÃa las opciones de manejo para los productores".
"Estos nuevos cultivares son el resultado de un proceso de mejoramiento sostenido, en el que buscamos combinar alta producción de forraje, buena sanidad y adaptación a diferentes ambientes productivos"
De acuerdo con Re, cada una de las nuevas variedades presenta caracterÃsticas diferenciales. Josepedro INTA se distingue por su ciclo intermedio y alta estabilidad productiva en diversos ambientes, con excelente producción de forraje durante el invierno y comienzos de primavera. Ñeri INTA, en tanto, posee un ciclo intermedio a corto y se destaca por su muy buena producción invernal, lo que lo convierte en una alternativa adecuada para planteos de uso más acotado. Por su parte, Apolo INTA fue seleccionado por su mayor ancho de hoja -rasgo asociado a su elevada aptitud forrajera- y se recomienda especialmente para ambientes de alto potencial productivo. Acuña subrayó que "cada uno de estos materiales responde a una necesidad productiva especÃfica, lo que permite seleccionar el cultivar en función del sistema ganadero y del ambiente donde se implementará".
"Cada uno de estos materiales responde a una necesidad productiva especÃfica, lo que permite seleccionar el cultivar en función del sistema ganadero y del ambiente donde se implementará".
Los tres cultivares fueron desarrollados de manera conjunta por las estaciones experimentales agropecuarias de Concepción del Uruguay y Pergamino del INTA, mediante convenios de investigación, desarrollo y transferencia tecnológica que facilitan su llegada al mercado. En este marco, Josepedro INTA fue licenciado a Barenbrug/Palaversich, Ñeri INTA a Produsem y Apolo INTA a Pemam.
El desarrollo de estas variedades se inscribe en una trayectoria iniciada a fines de la década del 90, cuando el INTA puso en marcha un programa de mejoramiento enfocado en la tolerancia a enfermedades, la producción de forraje invernal y la generación de semilla. "A lo largo de los años, este trabajo permitió la obtención de diversos materiales tetraploides ampliamente difundidos en el sector productivo", señaló Re.
A partir de 2019, el programa cobró un nuevo impulso con el objetivo de generar cultivares con mayor variabilidad genética, adaptados a diferentes ambientes y con comportamientos diferenciados según su ciclo de crecimiento. "Para ello, se realizó una policruza entre germoplasma destacado y poblaciones naturalizadas, seguida de varios ciclos de selección", detalló Acuña.
Con estas incorporaciones, el INTA reafirma su compromiso con la generación de tecnologÃas orientadas a la intensificación sostenible de los sistemas ganaderos, mejorando la oferta forrajera y acompañando las demandas del sector productivo en diversos contextos ambientales.