AgroNoticias
EL EFECTO DE LAS NUEVAS MEDIDAS DE DILMA

Brasil ajusta el modelo para volver a crecer a tasas altas

Con la devaluación del real, la baja de la tasa de interés y estímulos fiscales, el gobierno busca que la actividad se fortalezca.

Hasta el año pasado, la economía brasileña era el modelo reluciente, la niña mimada de las consultoras y de los mercados internacionales. Pero en los últimos meses, en parte por el efecto de la crisis internacional, en parte por falencias propias, la desaceleración de la actividad se hizo carne del otro lado de la frontera y el gobierno de Dilma Rousseff comenzó a corregir el rumbo.

Brasil crecía al 7,5% en 2010 y desde entonces fue tocando el freno. Así, en el primer trimestre de este año, la actividad apenas subió 0,8%, hasta llegar al estancamiento en abril. Esto obligó al gobierno a bajar su proyección de aumento del PBI desde el 4,5% original al actual 2,5%. Se trata, en parte, de la contratacara del investment grade que convirtió al país en un imán para atraer capitales, lo que llevó a una fuerta apreciación del real. “La suba del real terminó ahogando a la industria paulista, que ya entró nuevamente en recesión”, dice Ramiro Castiñeira, de Econométrica.

El freno empezó en la segunda mitad de 2011, cuando se adoptó un política contractiva de la demanda para controlar a la inflación. La situación internacional afectó a la industria brasileña a través de una una baja de las exportaciones, que representan el 20% de la demanda final del sector. A esto se sumó el efecto de la sequía, que derivó en una pérdida del 8,5% del PBI agrícola en el primer trimestre.

Desde la consultora Elypsis sostienen que “la economía brasileña se mueve cerca de la recesión”. Entre las razones de la desaceleración está la recomposición de la posición fiscal tras la fuerte expansión durante la crisis –cuando el superávit primario pasó de 4% del PBI a 1% en 12 meses–, desde donde se ha recuperado hasta el 3,1% actual. Aunque el gobierno ha anunciado un tibio estímulo fiscal –créditos subsidiados, recortes de impuestos a electricidad y automóviles, entre otras medidas –, aún no modificó su objetivo de 3,1% de saldo favorable para el año.

Para desenrollar la madeja del atraso cambiario, el gobierno de Dilma decidió bajar la históricamente alta tasa de interés de Brasil y dejar que la moneda se devalúe. Así, el tipo de cambio pasó de ser de 1,56 reales hace un año a 2 reales hoy. Y la Selic, la tasa de referencia para el mercado, bajó 400 puntos básicos, hasta alcanzar el menor registro de su historia: en un año pasó del 12,5 al 8,5%. Además, el gobierno redujo la carga impositiva e implementó estímulos específicos para sectores donde la pérdida de competitividad se hacía más evidente, como línea blanca, molienda y panificación.

Esta semana, Dilma presentó su octavo plan económico en 18 meses. En este caso anunció un nuevo paquete de compras gubernamentales por US$3.300 millones para alimentar la demanda doméstica y una rebaja de las tasas de interés de créditos para la inversión. Y dos días después, sumó otros US$57.000 millones para fortalecer al sector agropecuario.

“Son medidas puntuales que no resuelven el problema en la raíz, porque lo que se necesitan no son cambios coyunturales sino estructurales”, opina Felipe Queiroz, de la agencia de clasificación de riesgo Austin Rating. “Sin duda, hay motivos de preocupación porque a diferencia de lo ocurrido en 2008, cuando la crisis estaba principalmente en el mercado financiero, ahora está más en el campo real”, señala.

La consecuencia positiva del enfriamiento de la demanda doméstica fue la baja de la inflación, que pasó de 6,8% en agosto de 2011 a 4,2% anual en abril pasado. “En este escenario de menores presiones inflacionarias, las autoridades brasileñas pudieron reorientar su política macroeconómica en aras de sostener la actividad económica”, sostiene Finsoport.

En el sector automotriz brasileño, un rubro que la Argentina sigue con especial atención ya que hacia allí se exporta el 50% de nuestra producción local, se corrigieron las perspectivas y se venderían alrededor de 45.000 vehículos menos en el año. Para estimular las ventas, en mayo se redujo el impuesto a las operaciones financieras para el crédito a las personas físicas y bajó el impuesto a los productos industrializados en la venta de vehículos. También se sumó el anuncio de mejoras en las líneas de crédito del BNDES para la adquisición de camiones. Estos estímulos permitieron que las ventas de autos repuntaran en las últimas semanas. “El primer indicador optimista, aunque no es definitivo, es que las ventas de autos de los primeros días de junio crecieron 20% interanual, tras haber caído 3%. Si esto se confirma, debería derivar en una recuperación en el segundo semestre que incluya al sector industrial”, dice la economista Belén Olaiz.

Para Elypsis, el consumo, con un crecimiento de 2,5% durante el primer trimestre, “se presenta como el único factor positivo”. En este sentido, la caída de la inflación afectó positivamente la capacidad de compra del salario (que crecía en abril al 6% interanual).

Las consultoras coinciden en que podría esperarse en 2012 un crecimiento de entre el 2 y el 3%. Para abeceb.com, en 2013, la expansión será del 4,5%. “De acuerdo a nuestras estimaciones, 2012 cerraría con un crecimiento de alrededor del 3% para Brasil, algo menor que las expectativas de principios de este año”, dice Olaiz.