El césped sintético pisa terreno firme
El negocio del pasto artificial se expande más allá del fútbol y el hockey y ya mueve alrededor de US$25 millones anuales.
Surgió primero como una alternativa para canchas de fútbol 5. Y desde allÃ, el césped sintético se posicionó como un negocio de alta rentabilidad. Esto tiene que ver con la multiplicación de las canchas de alquiler, sumado al visto bueno de varias entidades internacionales de diversos deportes para su uso a nivel profesional. Con una facturación de US$25 millones anuales, la Argentina se ubica como el segundo paÃs en América Latina con más canchas de pasto sintético. En el mercado estiman que se consumen 800.000 metros cuadrados al año y barajan pronósticos más que optimistas para la producción local.
Dedicada enteramente al pasto artificial, en el mercado se destacan empresas como Forbex, Sportlink, El Espartano y Atlantis, entre otras. El grueso de la facturación pasa principalmente por la comercialización de productos ligados al fútbol. Ante el retroceso comercial de la alfombra tradicional, muchos de sus fabricantes han perfilado el negocio hacia el césped deportivo.
El Espartano y Atlantis son los casos más resonantes y las dos firmas sobresalen hoy en la producción polideportiva de fibras. Con más de 50 años de trayectoria, Alfombras Atlantis fue la primera en fabricar césped sintético decorativo y más tarde lanzó Atlantis Sport, su lÃnea para usos deportivos. Por su parte, El Espartano, una empresa argentina de tradición familiar griega, es otra de las pioneras en el negocio. De igual forma, reconvirtió su producción al césped sintético tras incorporar equipamiento de última tecnologÃa para sus dos plantas de producción.
El atractivo surge al analizar los siguientes números. El revestimiento de una cancha de minifútbol, sin contar los gastos de construcción, cuesta entre US$10.000 y US$22.000, un costo que depende del producto y las medidas.
En el actual momento de incertidumbre que atraviesa la economÃa en general, el negocio viene creciendo a un promedio mayor al 50% por año desde 2007 en adelante, y por ahora no aparecen señales preocupantes. “Es un negocio rentable en todo sentido. Son precios bajos y por eso no registramos una caÃda en la cantidad de pedidos”, explica Aldo Chelo, director de Sportlink Argentina, una firma de origen brasileño que desembarcó en el paÃs en 2009.
A poco tiempo de haber anunciado la inversión de US$1,2 millones para producir localmente, Chelo explica, sin embargo, que modificaron el planteo de expansión ante la actual coyuntura económica. “Si bien no hay cambios bruscos en el sector, preferimos ir de a poco. Pensamos sacar una lÃnea determinada de productos e incursionar en el hockey, porque hoy el 85 % de nuestras ventas están ligadas al fútbol”, explica el ejecutivo.
Nacionales o internacionales da igual. Las empresas locales sacan buen provecho de la pasión futbolera nacional, pero también destacan una particularidad: a diferencia de otros paÃses de la región, en la Argentina hay buena aceptación del césped sintético en otras disciplinas, como el rugby y el tenis.
En el hockey profesional hay normas muy estrictas: todos los campos profesionales deben cumplir con el control de calidad impulsado por la Federación Internacional de Hockey. Forbex supo aprovechar la tendencia y comandó la construcción del 90% de los campos que usan los equipos de la primera división. También sponsor oficial de la Liga de Hockey, Forbex estuvo a cargo de la instalación del césped durante el último Mundial de esta disciplina, que se jugó en Rosario en 2010, con su lÃnea de productos Forbex C1500, un diseño desarrollado especÃficamente para ese deporte y la competencia de primer nivel.
Los grandes fabricantes y proveedores locales se lanzan al mercado de lo que el presidente de la FIFA, Joseph Blatter, bautizó como una nueva era. AsÃ, con buen ritmo e inversiones significativas, los clubes van incorporando el material sintético para maximizar sus ingresos y el rendimiento de sus deportistas. También universidades, colegios o clubes amateurs actualizan sus terrenos, muchas veces solventados por entidades estatales. Se calcula que en la actualidad hay 100 canchas de fútbol profesional de este tipo en la Argentina. El interior se ha convertido en punto estratégico del negocio, sobre todo en zonas donde el césped natural es inviable por razones climáticas.
Sportlink, por ejemplo, construyó la cancha auxiliar de Boca Juniors galardonada, bajo el Concepto “Calidad de FIFA”, con 2 estrellas, el máximo nivel. “Una cancha como la de Boca involucra una inversión cercana a los US$300.000, pero el producto tiene una durabilidad de 10 años. Apuntamos a este tipo de negocio, lo conocemos bien y seguimos consolidándonos”, explica el director de Forbex, la única marca en la región que cuenta con la licencia de fabricante de FIFA. En colaboración con la empresa internacional Greenfields (también portadora de esa licencia), Forbex logró construir otra cancha de 2 estrellas para la AFA, que está ubicada en el predio de Ezeiza. Junto con la de Boca, son las únicas dos que existen en el paÃs recomendadas para cualquier competencia oficial internacional.
El sistema de licencias, explicaron a iEco fuentes del mercado, es una forma de garantizar el predominio de calidad y “qué institutos independientes acreditados” por FIFA lleven adelante los controles “ y las pruebas de laboratoriorio sobre el terreno”. Incorporado al reglamento en 2004, el césped que se utiliza para la competición oficial es el Ultra Grass 63, un producto exclusivo de la Federación sin precedentes en el mercado.
Con mucha presencia en el sur del paÃs, Forbex lidera el sector futbolero profesional con su lÃnea 11.000 MD. Con 20 años de trayectoria y con presencia en 25 paÃses, acreditan entre sus clientes a equipos como Boca y River.
La incursión del producto en el Mundial de Sudáfrica 2010 motiva a los empresarios del sector, que esperan que la movida se acentúe después de Brasil 2014.