La inversión en pistacho sumó nuevos perfiles y se expandió a nivel federal e internacionalUn relevamiento sobre un desarrollo en San Juan mostró que la inversión en tierra productiva sumó perfiles por fuera del agro tradicional, con participación local y extranjera.
La inversión en tierra productiva argentina amplió su base de interesados y empezó a captar perfiles que hasta hace algunos años tenían escasa o nula vinculación con la actividad agropecuaria. Un relevamiento difundido a partir de un desarrollo de pistacho en San Juan mostró que hoy participan inversores de 7 provincias argentinas y de 4 países extranjeros, con un interés creciente por los activos a largo plazo.
De acuerdo con la información relevada por AgroFides, la mayor presencia se concentró en residentes de CABA, provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y San Juan. A los que se sumaron argentinos radicados en el exterior, principalmente en Estados Unidos y Europa, además de inversores sudafricanos.
El perfil inversor
Según los datos relevados, entre los participantes inversores aparecieron perfiles profesionales, ejecutivos, empresarios tecnológicos, argentinos que viven fuera del país y extranjeros. Se trata de inversores que buscaron diversificar sus carteras en activos reales y dolarizados, sin necesidad de involucrarse de manera directa en la gestión cotidiana del campo.
Al respecto, el fundador y CEO de AgroFides, Juan Ignacio Ponelli, sostuvo: "Estamos viendo un cambio en el perfil del inversor agropecuario". Y explicó: "Hoy participan profesionales, ejecutivos, empresarios tecnológicos argentinos que viven fuera del país y extranjeros, que buscan diversificar en activos reales y dolarizados".
En ese marco, la tierra productiva volvió a ser una alternativa ligada a la economía real. A diferencia de instrumentos financieros tradicionales, los proyectos agrícolas de largo plazo combinan un activo físico con producción y potencial exportador, una característica que ganó atractivo en un contexto de búsqueda de resguardo y diversificación.
Dentro de ese escenario, el pistacho apareció como un cultivo con condiciones particulares, ya que existe una demanda global sostenida, una oferta limitada y ventajas competitivas para la Argentina por su producción contraestacional. Estos son factores que impulsaron el interés sobre este tipo de desarrollos y reforzaron la idea de que el país podría ganar lugar en ese mercado.
"El campo siempre fue un termómetro de la Argentina productiva. Lo interesante hoy es que personas que nunca habían tenido vínculo con el agro están entendiendo su lógica y buscando participar, no desde la gestión directa sino a través de modelos profesionales y administrados". Ponelli
Los ingresos
El ticket promedio de inversión se ubicó en 90.000 dólares, con participaciones desde 30.000 dólares en adelante, lo que amplió el acceso a perfiles que históricamente no podían ingresar al sector. En términos etarios, la mayor concentración se dio entre los 40 y 60 años, aunque también se registró un avance de interesados más jóvenes ligados a tecnología, finanzas y servicios profesionales, y de mayores de 60 que buscaron diversificar sus carteras.
De acuerdo con el informe, esta tendencia está estrechamente vinculada con la implementación de la Ley de Inocencia Fiscal, que "busca movilizar parte de los ahorros que hoy permanecen fuera del sistema financiero y transformarlos en capital productivo". En ese contexto, el caso relevado mostró cómo el pistacho comenzó a atraer capitales diversos y cómo la tierra productiva volvió a ganar espacio como destino de inversión dentro de una lógica de largo plazo asociada al agro argentino.
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La inversión en tierra productiva argentina amplió su base de interesados y empezó a captar perfiles que hasta hace algunos años tenían escasa o nula vinculación con la actividad agropecuaria. Un relevamiento difundido a partir de un desarrollo de pistacho en San Juan mostró que hoy participan inversores de 7 provincias argentinas y de 4 países extranjeros, con un interés creciente por los activos a largo plazo.
De acuerdo con la información relevada por AgroFides, la mayor presencia se concentró en residentes de CABA, provincia de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y San Juan. A los que se sumaron argentinos radicados en el exterior, principalmente en Estados Unidos y Europa, además de inversores sudafricanos.
El perfil inversor
Según los datos relevados, entre los participantes inversores aparecieron perfiles profesionales, ejecutivos, empresarios tecnológicos, argentinos que viven fuera del país y extranjeros. Se trata de inversores que buscaron diversificar sus carteras en activos reales y dolarizados, sin necesidad de involucrarse de manera directa en la gestión cotidiana del campo.
Al respecto, el fundador y CEO de AgroFides, Juan Ignacio Ponelli, sostuvo: "Estamos viendo un cambio en el perfil del inversor agropecuario". Y explicó: "Hoy participan profesionales, ejecutivos, empresarios tecnológicos argentinos que viven fuera del país y extranjeros, que buscan diversificar en activos reales y dolarizados".
En ese marco, la tierra productiva volvió a ser una alternativa ligada a la economía real. A diferencia de instrumentos financieros tradicionales, los proyectos agrícolas de largo plazo combinan un activo físico con producción y potencial exportador, una característica que ganó atractivo en un contexto de búsqueda de resguardo y diversificación.
Dentro de ese escenario, el pistacho apareció como un cultivo con condiciones particulares, ya que existe una demanda global sostenida, una oferta limitada y ventajas competitivas para la Argentina por su producción contraestacional. Estos son factores que impulsaron el interés sobre este tipo de desarrollos y reforzaron la idea de que el país podría ganar lugar en ese mercado.
"El campo siempre fue un termómetro de la Argentina productiva. Lo interesante hoy es que personas que nunca habían tenido vínculo con el agro están entendiendo su lógica y buscando participar, no desde la gestión directa sino a través de modelos profesionales y administrados". Ponelli
Los ingresos
El ticket promedio de inversión se ubicó en 90.000 dólares, con participaciones desde 30.000 dólares en adelante, lo que amplió el acceso a perfiles que históricamente no podían ingresar al sector. En términos etarios, la mayor concentración se dio entre los 40 y 60 años, aunque también se registró un avance de interesados más jóvenes ligados a tecnología, finanzas y servicios profesionales, y de mayores de 60 que buscaron diversificar sus carteras.
De acuerdo con el informe, esta tendencia está estrechamente vinculada con la implementación de la Ley de Inocencia Fiscal, que "busca movilizar parte de los ahorros que hoy permanecen fuera del sistema financiero y transformarlos en capital productivo". En ese contexto, el caso relevado mostró cómo el pistacho comenzó a atraer capitales diversos y cómo la tierra productiva volvió a ganar espacio como destino de inversión dentro de una lógica de largo plazo asociada al agro argentino.

