La economía le ganó al clima: la siembra de arroz cayó un 12% por falta de rentabilidadPese a un pronóstico climático favorable bajo la influencia de "La Niña", el desplome del 37% en los precios del arroz cáscara y el encarecimiento de insumos clave como la electricidad para riego obligaron a los productores a reducir la superficie implantada en más de 26.000 hectáreas.
A pesar de que el escenario climático inicial generaba optimismo, con señales de un evento "La Niña", la realidad económica terminó imponiéndose en la campaña arrocera 2025/2026. Así lo indica el informe de la campaña arrocera realizado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe y Entre Ríos y demás entidades, detallando una superficie nacional destinada al cereal de 204.900 hectáreas, lo que representa una caída de 26.750 hectáreas respecto al ciclo anterior.
La "tormenta perfecta" de los márgenes
Según el informe, el desincentivo para los productores fue gestado en las pizarras de precios y en las crecientes facturas de insumos. Según el relevamiento conjunto de las bolsas y el INTA, el valor del arroz cáscara sufrió una corrección drástica que alteró todos los esquemas: el tipo largo fino pasó de un pico de $430.000/t en enero de 2024 a un promedio de $227.000/t apenas diez meses después, mientras que el largo ancho descendió de $560.000/t a aproximadamente $368.000/t.
Esta reducción general de los precios, que se ubica en el orden del 37%, se combinó con un escenario de costos asfixiante. El fuerte encarecimiento de insumos clave, en particular la energía eléctrica destinada al riego y los fertilizantes, elevó considerablemente el rendimiento necesario para cubrir los costos, comprimiendo los márgenes del cultivo. Según los analistas, esta compresión obligó a los productores a asumir un riesgo de inversión mucho más alto, lo que terminó por desincentivar la siembra.
La caída en la superficie sembrada no fue un hecho aislado, sino una tendencia que afectó de manera generalizada a casi todas las regiones productoras del país. Sin embargo, el impacto más profundo se localizó en el núcleo de la actividad: las provincias de Corrientes y Entre Ríos concentraron el mayor volumen de la disminución, seguidas por Santa Fe y Chaco, que también mostraron indicadores contractivos. La única excepción en este escenario fue Formosa, que logró expandir su área en un 10%, aunque este crecimiento no fue suficiente para compensar la balanza negativa a nivel nacional.
Más allá de la baja general, el informe destaca una altísima concentración territorial del cultivo. Prácticamente la mitad del arroz argentino (47%) se produce en apenas cinco departamentos clave de tres provincias. Mercedes y Curuzú Cuatiá, en Corrientes, se consolidan como los líderes absolutos del sector, seguidos en importancia por Villaguay, en Entre Ríos, y el eje santafesino compuesto por San Javier y Garay.
Demoras por excesos hídricos
Paradójicamente, mientras la economía frenaba la intención de siembra, el clima aportó complicaciones logísticas durante el trimestre clave de implantación (septiembre-noviembre). El bimestre noviembre-diciembre estuvo marcado por precipitaciones cuantiosas que generaron importantes demoras en las labores de implantación a nivel general, afectando el ritmo de avance del cereal.
Específicamente durante el mes de diciembre, el informe señaló excesos hídricos localizados en el norte de Corrientes, consiguiendo así una implantación del 19% de la superficie total (unas 38.000 hectáreas).
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A pesar de que el escenario climático inicial generaba optimismo, con señales de un evento "La Niña", la realidad económica terminó imponiéndose en la campaña arrocera 2025/2026. Así lo indica el informe de la campaña arrocera realizado por la Bolsa de Comercio de Santa Fe y Entre Ríos y demás entidades, detallando una superficie nacional destinada al cereal de 204.900 hectáreas, lo que representa una caída de 26.750 hectáreas respecto al ciclo anterior.
La "tormenta perfecta" de los márgenes
Según el informe, el desincentivo para los productores fue gestado en las pizarras de precios y en las crecientes facturas de insumos. Según el relevamiento conjunto de las bolsas y el INTA, el valor del arroz cáscara sufrió una corrección drástica que alteró todos los esquemas: el tipo largo fino pasó de un pico de $430.000/t en enero de 2024 a un promedio de $227.000/t apenas diez meses después, mientras que el largo ancho descendió de $560.000/t a aproximadamente $368.000/t.
Esta reducción general de los precios, que se ubica en el orden del 37%, se combinó con un escenario de costos asfixiante. El fuerte encarecimiento de insumos clave, en particular la energía eléctrica destinada al riego y los fertilizantes, elevó considerablemente el rendimiento necesario para cubrir los costos, comprimiendo los márgenes del cultivo. Según los analistas, esta compresión obligó a los productores a asumir un riesgo de inversión mucho más alto, lo que terminó por desincentivar la siembra.
La caída en la superficie sembrada no fue un hecho aislado, sino una tendencia que afectó de manera generalizada a casi todas las regiones productoras del país. Sin embargo, el impacto más profundo se localizó en el núcleo de la actividad: las provincias de Corrientes y Entre Ríos concentraron el mayor volumen de la disminución, seguidas por Santa Fe y Chaco, que también mostraron indicadores contractivos. La única excepción en este escenario fue Formosa, que logró expandir su área en un 10%, aunque este crecimiento no fue suficiente para compensar la balanza negativa a nivel nacional.
Más allá de la baja general, el informe destaca una altísima concentración territorial del cultivo. Prácticamente la mitad del arroz argentino (47%) se produce en apenas cinco departamentos clave de tres provincias. Mercedes y Curuzú Cuatiá, en Corrientes, se consolidan como los líderes absolutos del sector, seguidos en importancia por Villaguay, en Entre Ríos, y el eje santafesino compuesto por San Javier y Garay.
Demoras por excesos hídricos
Paradójicamente, mientras la economía frenaba la intención de siembra, el clima aportó complicaciones logísticas durante el trimestre clave de implantación (septiembre-noviembre). El bimestre noviembre-diciembre estuvo marcado por precipitaciones cuantiosas que generaron importantes demoras en las labores de implantación a nivel general, afectando el ritmo de avance del cereal.
Específicamente durante el mes de diciembre, el informe señaló excesos hídricos localizados en el norte de Corrientes, consiguiendo así una implantación del 19% de la superficie total (unas 38.000 hectáreas).

