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La soja argentina quedó ante el reto de competir con más industria e innovación

Especialistas advirtieron que la cadena sojera argentina combina una ventaja industrial clave en un mercado global que cambió sus reglas con el desafío de ampliar la diversidad genética para lograr cultivares más productivos y resistentes.


El mercado mundial de la soja atraviesa una transformación estructural impulsada por la demanda de aceites vegetales para biocombustibles, el menor peso de China como comprador "compulsivo" y el avance industrial de Estados Unidos y Brasil. Ese nuevo escenario modificó el valor estratégico del aceite de soja y abrió oportunidades, pero también aumentó la competencia para la Argentina.

En el seminario de ACSOJA, María Sol Arcidiácono, de Hedgepoint Global Markets, explicó que el incremento de los cortes obligatorios de biodiésel en Indonesia, Brasil y Estados Unidos elevó la demanda de aceites vegetales, impulsó los precios del aceite de soja y mejoró los márgenes de la industria aceitera. En esta línea, señaló que "estamos frente a un cambio estructural. La molienda sigue creciendo y, aun así, los stocks de aceite continúan ajustados. Eso sostiene un nivel de precios superior al que conocíamos hasta hace pocos años".

En ese marco, la Argentina mantiene una ventaja relevante al contar con una de las industrias de crushing más eficientes del mundo. Sin embargo, esa fortaleza convive con una molienda local que permanece prácticamente estancada desde hace una década, mientras Estados Unidos incrementó su capacidad en casi 10 millones de toneladas en apenas tres años y Brasil también aceleró sus inversiones.

A su vez, de acuerdo con Arcidiácono, otro cambio clave está en China que dejó de comprar soja por temor a quedarse sin abastecimiento y ahora opera con mayor selectividad, apoyado en elevados stocks acumulados por las compras realizadas en Brasil. En pocas palabras, la especialista resumió: "China ya no siente que se va a quedar sin soja. Compra cuando los márgenes le cierran y cuando el precio le conviene".

En el mercado local, Javier Treboux, de FyO, advirtió que la comercialización de soja avanza al ritmo más lento de la última década. Con una producción cercana a los 50 millones de toneladas, las lluvias de abril demoraron la cosecha, generaron un cuello de botella logístico y concentraron la oferta en pocas semanas, aunque la presión sobre los precios fue apenas transitoria.

El economista detalló que, hacia mitad de año, las ventas con precio fijado rondaban el 26% de la producción, cerca de 8 puntos por debajo del promedio histórico para esta época. La explicación principal, dijo Treboux, "es financiera: este año los productores lograron generar liquidez comercializando trigo, maíz y girasol, por lo que no necesitaron desprenderse rápidamente de la soja".

A ese comportamiento se sumaron los altos costos de flete durante la cosecha y la expectativa por posibles cambios en las retenciones. Según el especialista, el anuncio de una reducción gradual de los derechos de exportación para la próxima campaña despejó parte de la incertidumbre y podría favorecer ventas más fluidas durante el segundo semestre.

Del lado industrial, la molienda comenzó lentamente y fue sostenida por el ingreso récord de soja importada desde Paraguay. Las fábricas todavía trabajan con márgenes positivos por el buen desempeño del aceite, pero Treboux advirtió que esos márgenes tienden a reducirse y que la Argentina enfrenta una competencia creciente en harina de soja, especialmente por el mayor procesamiento interno de Estados Unidos y la expansión brasileña.

Además del frente comercial e industrial, investigadores de Canadá y Brasil alertaron sobre la pérdida de diversidad genética de la soja moderna. Durante su participación en el seminario, Istvan Rajcan, de la Universidad de Guelph, y Ricardo Vilela Abdelnoor, de Embrapa Soja, coincidieron en que "la estrecha base genética de la soja moderna" limita el desarrollo de nuevas variedades y obliga a buscar nuevos genes para mejorar rendimiento y resistencia a enfermedades.

Rajcan explicó que, durante décadas, el mejoramiento utilizó reiteradamente los mismos materiales élite como padres de nuevos cultivares. Y sostuvo: "Muchos mejoradores cruzan siempre los mejores materiales disponibles y eso termina reduciendo la diversidad genética". Abdelnoor planteó una preocupación similar para Brasil, donde apenas cuatro ancestros aportan más de la mitad de la base genética utilizada actualmente.

Para ampliar esa base, Canadá comenzó a cruzar variedades modernas con materiales provenientes de China, centro de origen de la especie, permitiendo evaluar cerca de 200 genotipos e identificar regiones del ADN relacionadas con rendimiento, proteína y aceite. En esta línea Rajcan explicó: "Descubrimos nuevos marcadores asociados al rendimiento, particularmente en el cromosoma 14".

En un mercado donde el aceite ganó peso estratégico, China compra con mayor cautela y los competidores invierten para procesar más, la Argentina enfrenta el desafío de transformar capacidad instalada en mayor actividad, previsibilidad comercial e innovación genética. Esta oportunidad dependerá de sostener márgenes, recuperar ritmo de molienda, ordenar incentivos y ampliar la base tecnológica del cultivo para no quedar rezagado en una cadena global que se volvió más exigente y más industrial.

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