La seguridad de los alimentos sumó nuevas exigencias para la industria ArgentinaLas nuevas pautas sobre alérgenos exigieron mayores controles y evaluaciones científicas para acceder a los mercados internacionales.
La industria agroalimentaria nacional enfrentó un nuevo desafío para sostener su competitividad exportadora. Los estándares aprobados por el Codex Alimentarius, organismo conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), modificaron los criterios para utilizar leyendas como "Puede contener..." y pusieron el foco en la gestión del riesgo dentro de las plantas y a lo largo de toda la cadena productiva.
Hasta el momento algunas empresas recurrían a este tipo de aclaraciones como una cobertura legal ante una eventual presencia no intencional, pero con las recientes directrices, cada indicación deberá estar respaldada por controles rigurosos y umbrales definidos científicamente. La adecuación será clave para conservar destinos comerciales que aplican normas cada vez más estrictas en materia de inocuidad y calidad de origen.
El investigador del INTA e integrante del comité de la FAO y la OMS que elaboró la propuesta técnica, Gustavo Polenta, explicó que las inspecciones internacionales se realizan según el desempeño de cada industria. Cuando una compañía demuestra que cumple con los requisitos, los controles pueden espaciarse; pero la detección reiterada de sustancias no declaradas intensifica la vigilancia.
El especialista explicó que "si una industria demuestra en cada inspección que no presenta problemas, estas se espacian en el tiempo. Pero si en los productos argentinos empiezan a detectarse alérgenos no declarados, vamos a quedar focalizados como un país de riesgo". Y alertó: "No será solo la empresa, sino el país entero el que quede catalogado como riesgoso"
La ingeniera en Alimentos y disertante de Tecno Fidta, Carolina Motto, indicó que las etiquetas con aclaraciones innecesarias pueden excluir, desde su diseño, hasta al 40% de los potenciales consumidores. Por eso, el uso racional del rotulado representa tanto una herramienta sanitaria como una oportunidad para ampliar la demanda.
La revisión de los criterios respondió al crecimiento de las alergias alimentarias, que ya afectan a alrededor del 4,3% de la población mundial. En este escenario, uno de cada 12 niños menores de cinco años presenta alguna de estas afecciones, mientras que en la Argentina nacen cada día 40 bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca, según la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica.
Además, el impacto se extiende al entorno cercano de quienes padecen esta condición, ya que casi en el 70% de los hogares donde vive una persona alérgica, todo el grupo familiar deja de consumir los productos involucrados. Esta conducta explica por qué una leyenda precautoria sin respaldo suficiente puede limitar considerablemente el universo de compradores.
Polenta vinculó el incremento de los casos, especialmente visible en los países industrializados, con la denominada "teoría higiénica", según la cual un nivel exagerado de limpieza puede alterar la microbiota e impedir que el sistema inmunológico infantil aprenda a tolerar proteínas inofensivas. Frente a este escenario, la Argentina tiene la oportunidad de aplicar las pautas que sus propios especialistas ayudaron a desarrollar y posicionar sus alimentos como una opción segura, confiable y competitiva para las familias del mundo.
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La industria agroalimentaria nacional enfrentó un nuevo desafío para sostener su competitividad exportadora. Los estándares aprobados por el Codex Alimentarius, organismo conjunto de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), modificaron los criterios para utilizar leyendas como "Puede contener..." y pusieron el foco en la gestión del riesgo dentro de las plantas y a lo largo de toda la cadena productiva.
Hasta el momento algunas empresas recurrían a este tipo de aclaraciones como una cobertura legal ante una eventual presencia no intencional, pero con las recientes directrices, cada indicación deberá estar respaldada por controles rigurosos y umbrales definidos científicamente. La adecuación será clave para conservar destinos comerciales que aplican normas cada vez más estrictas en materia de inocuidad y calidad de origen.
El investigador del INTA e integrante del comité de la FAO y la OMS que elaboró la propuesta técnica, Gustavo Polenta, explicó que las inspecciones internacionales se realizan según el desempeño de cada industria. Cuando una compañía demuestra que cumple con los requisitos, los controles pueden espaciarse; pero la detección reiterada de sustancias no declaradas intensifica la vigilancia.
El especialista explicó que "si una industria demuestra en cada inspección que no presenta problemas, estas se espacian en el tiempo. Pero si en los productos argentinos empiezan a detectarse alérgenos no declarados, vamos a quedar focalizados como un país de riesgo". Y alertó: "No será solo la empresa, sino el país entero el que quede catalogado como riesgoso"
La ingeniera en Alimentos y disertante de Tecno Fidta, Carolina Motto, indicó que las etiquetas con aclaraciones innecesarias pueden excluir, desde su diseño, hasta al 40% de los potenciales consumidores. Por eso, el uso racional del rotulado representa tanto una herramienta sanitaria como una oportunidad para ampliar la demanda.
La revisión de los criterios respondió al crecimiento de las alergias alimentarias, que ya afectan a alrededor del 4,3% de la población mundial. En este escenario, uno de cada 12 niños menores de cinco años presenta alguna de estas afecciones, mientras que en la Argentina nacen cada día 40 bebés con alergia a la proteína de la leche de vaca, según la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica.
Además, el impacto se extiende al entorno cercano de quienes padecen esta condición, ya que casi en el 70% de los hogares donde vive una persona alérgica, todo el grupo familiar deja de consumir los productos involucrados. Esta conducta explica por qué una leyenda precautoria sin respaldo suficiente puede limitar considerablemente el universo de compradores.
Polenta vinculó el incremento de los casos, especialmente visible en los países industrializados, con la denominada "teoría higiénica", según la cual un nivel exagerado de limpieza puede alterar la microbiota e impedir que el sistema inmunológico infantil aprenda a tolerar proteínas inofensivas. Frente a este escenario, la Argentina tiene la oportunidad de aplicar las pautas que sus propios especialistas ayudaron a desarrollar y posicionar sus alimentos como una opción segura, confiable y competitiva para las familias del mundo.
