Revista de CRA

Clima: proyecciones para los años que vienen

El especialista del INTA, Gabriel Rodríguez, brindó una charla en CRA y expuso proyecciones de cara a fin de siglo por región y por producción.

 El clima siempre ha sido un factor de riesgo para el sector agropecuario, y se verá potenciado por el cambio climático. De acuerdo con Gabriel Rodríguez, especialista en cambio climático del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), las proyecciones climáticas para lo que resta del sigo XXI difieren según dos factores: "El primero son los escenarios socioeconómicos que puede seguir la sociedad en cuanto a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y el segundo, al modelo climático que se utiliza para realizar estas proyecciones".

En cuanto a los escenarios de emisión GEI, Rodríguez indicó que suelen analizarse escenarios más positivos que consideran que la sociedad, siendo consciente de la problemática y los efectos adversos del cambio climático, reduce sus emisiones de gases. Pero también se plantea otro escenario más negativo en el cual las emisiones continúan al mismo ritmo. "De acuerdo a qué escenario de emisiones se utilice, los incrementos en la temperatura y los disturbios en la cantidad y los patrones de precipitación serán diferentes", indicó.

A nivel nacional, "en promedio se espera que las temperaturas medias aumenten hacia fin de siglo entre 2 y 4ºC. En el caso de las precipitaciones se evidencian dos situaciones, presentando las zonas de Cuyo y Patagonia una reducción en las precipitaciones anuales de hasta el 20%, mientras que en las otras regiones del país se esperan incrementos de las lluvias anuales de un 20%", comentó el investigador.

Para el caso específico de la región pampeana, hacia fines de siglo (período 2070-2100) se esperan incrementos de la temperatura máxima (2 a 2.5ºC) en toda la región, principalmente en el otoño para el escenario más benigno y se esperan cambios más importantes para el escenario más pesimista llegando a aumentos de hasta 6ºC hacia el noreste durante el otoño. En la primavera y verano se esperan aumentos superiores a los 2.5ºC. Con respecto a la lluvia, se esperan incrementos marcados en las precipitaciones de primavera-verano de hasta el 60%, y reducciones de hasta el 30% durante el invierno para el escenario más pesimista.

Su efecto en los cultivos

El cambio climático impacta de forma directa en los cultivos extensivos a través de la modificación de la productividad, y en forma indirecta a través del aumento de la presión de malezas y plagas. En lo referente a la productividad el impacto estará determinado por el balance entre los beneficios obtenidos en la eficiencia de la fotosíntesis por el aumento en la concentración de CO2 en al ambiente, el aumento o disminución del agua disponible y el efecto del aumento de la temperatura. De acuerdo con Rodríguez, "los cultivos de trigo y soja se ven más favorecidos que el maíz por el aumento en la concentración de CO2".

Para la región pampeana se estima que en promedio los rendimientos de los 3 principales cultivos se incrementarán hacia fin de siglo en el escenario más pesimista de emisiones GEI. En el caso del trigo se esperan incrementos del 4% en el promedio regional; sin embargo, hay zonas donde los rendimientos disminuirán (provincia de Córdoba y una franja del Oeste de la provincia de Santa Fe).

En el maíz el incremento promedio es del 5.5%, pero son mayores en el centro-suroeste de la provincia de Buenos Aires con un rango entre el 20 y 40% y disminuciones importantes para toda la provincia de Córdoba con un gradiente Norte-Sur que oscila entre -40 y -10% de rendimiento. En la provincia de Santa Fe el gradiente es menor variando entre 10 y 20% de disminución en los rendimientos.

"Estos efectos se dan principalmente porque el aumento de las precipitaciones no llega a cubrir el aumento en el requerimiento de agua para transpiración por el elevado incremento de la temperatura (3.5ºC). Este aumento de temperatura también tiene impacto en la duración del ciclo del cultivo acortando la floración entre 9 y 12 días con el consecuente efecto sobre el numero potencial de granos en la espiga", explicó Rodríguez.

En el caso del cultivo de soja, por sus condiciones de metabolismo y su amplia plasticidad se verá ampliamente favorecido con incrementos de rendimiento superiores al 50%, principalmente explicados por el aumento de la disponibilidad hídrica para el mes de febrero (50-70% mayor precipitación) coincidente con el período de máximos requerimientos del cultivo.

El manejo del riesgo

Dada la gran diversidad de climas, suelos y producciones agropecuarias "es casi imposible encontrar un productor que no esté expuesto al riesgo climático", afirmó Rodríguez. El mismo puede deberse a pérdidas por heladas, sequías, inundaciones, granizo, vientos fuertes, etc. "La incidencia de estos factores, tanto en frecuencia como en intensidad debe ser identificada, evaluada y cuantificada para diseñar estrategias que permitan minimizar o transferir este riesgo. Es importante tener presente que los riesgos no pueden ser eliminados, pero si pueden ser reducidos y manejados".

Como ejemplo, Rodríguez citó el caso del riesgo asociado al fenómeno de El Niño: utilizando los pronósticos estacionales y sabiendo que durante los años Niño/Niña las precipitaciones tienden a estar por encima/debajo de lo normal pueden plantearse ajustes en la fecha de siembra, la densidad, la distancia entre plantas o incluso la especie a sembrar de acuerdo al pronóstico climático o bien contratar un seguro agrícola de forma de poder transferir parte del riesgo financiero hacia la aseguradora.

"La mejor estrategia de adaptación consiste en saber adecuarnos a la variabilidad climática a la que actualmente estamos expuestos, así estaremos mejor preparados para cuando lleguen los efectos del cambio climático", aseguró el especialista.

El sudeste de Sudamérica es una región con una elevada variabilidad interanual. Las medidas de adaptación pueden incluir medidas de largo plazo como obras de infraestructura hidráulica y también simples medidas de cambio en diferentes opciones de manejo de los cultivos. "Siempre lo importante es poder contar con la mayor cantidad posible de información y productos climáticos modernos e integrarlos en sistemas de apoyo a la toma de decisiones". En este sentido, concluyó diciendo que "una necesidad fundamental para la adaptación al clima consiste en el desarrollo de la capacidad de los usuarios (productores y encargados de delinear políticas agropecuarias) de entender y utilizar la información climática".

Contra la incertidumbre

"Todas estas estimaciones tienen un elevado grado de incertidumbre generado no solamente por la imprecisión sobre cómo evolucionará la sociedad, los errores que poseen los modelos climáticos al simular el clima o cómo serán las variedades y/o manejos que se utilizarán en el futuro", especificó el investigador. Ahora bien, para minimizar esta incertidumbre los especialistas estudian el comportamiento del clima en el pasado, monitoreando el clima presente a través de redes de estaciones y radares meteorológicos o sensores remotos. Toda esta información se integra a modelos de impacto, a los sistemas de ayuda y a la toma de decisiones.

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